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Minificciones de Javier Paredes Chi

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  Espumarajos Otra vez el veneno me quedó buenísimo. Todos los invitados han muerto, inclusive, esas personas que meten su cuchara donde nadie los ha llamado. Mi sazón nunca me abandona en estos casos. Los músicos hacen aritmética con los oídos, en cambio nosotros, los artistas del envenenamiento, lo hacemos a través de pizcas, de gotitas, de un poco más o un poco menos; el caso es llegar a la medida perfecta, a ese óptimo que nos prodiga la satisfacción de ver cómo se retuerce la muchedumbre, echando espumarajos por la boca y la nariz hasta desaparecer completamente.   Trayectoria Se mueve muy despacio. Después de muchos siglos, apenas ha recorrido un nanómetro. Esta partícula piensa que su trayectoria es una línea sin curvatura. Cree en el azar y el libre albedrío. Aborrece las doctrinas de la predestinación, pero su movimiento eternamente generará una circunferencia.   Fotografía Nuestra foto salió movida. El día que nos la tomaron, Gertrudis debió disparar...

Destinitos fatales-Andrés Caicedo

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I   A un hombrecito le gusta el cine y llega y funda un cine club, y lo primero que hace es programar un ciclo larguísimo de películas de vampiros, desde Murnau y Dreyer hasta Fisher y ese film que vio hace poco de Dan Curtis. Al principio hay mucha acogida y todo: el teatro se llena. Pero semana tras semana va bajando la audiencia. Como se sabe, el público cineclubista está compuesto en su mayoría por gente despistada que acude a ver acá «el cine de calidad» que no puede ver en los teatros cuando estos sólo exhiben vaqueros y espías; imbéciles que abuchean una película de John Ford con John Wayne «porque el ejército de ee uu siempre mata muchos indios», que le dicen imbécil a Jerry Lewis. Esa gente cómo le va a coger la onda a los vampiros, no falta por allí uno que insulte al hombrecito del cine club por estar exhibiendo cosas de estas cuando los estudiantes luchan en las calles, gente que únicamente sueña de noche y que siempre duerme bien y al otro día se despiertan y pue...

18 cuentos yucatecos para celebrar el Día del Cuento

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Desde el 2016 en Yucatán se celebra el Día del cuento, iniciativa que nace de la ciudadanía y que busca desde hace 6 años acercar y compartir la experiencia del cuento de una manera creativa.   A continuación compartimos 18 cuentos, de escritoras y escritores yucatecos, para celebrar este día  leyendo.  1.   Antes y ahora-Carolina Luna 2.  El café-Juan García Ponce 3.   Salón rojo-Arnaldo Ávila 4.  Erosión-Meryvid Pérez 5.  Cuidados paliativos-Yobaín Vázquez Bailón 6.  Disparados a la luna-Roberto Azcorra 7. Bon appetite-Zindy Abreu 8.  Vida de frontera-Agustín Monsreal 9.  Montejo Boulevard-Daniel Sibaja 10.  La del corazón de la montaña-Ana Patricia Martínez Huchim 11.  El zopilote-Joaquín Filio 12.  Saꞌatal máan-Sol Ceh Moo 13.  La otra manzana de la discordia-Karla Marrufo 14.  Los fines de semana-Carlos Martín Briceño 15.  Homar-Raúl Renán 16.  Luna negra-Celia Pedrero 17.  Patada al...

XBirú, u kúuchil ja’asal óol/Birú, un lugar de espantos-Luis Antonio Canché Briceño

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  Jump’éel k’iine’ táan u bino’ob ts’oon Jpasuch yéetel Jpolin. Ts’o’ok u k’e’eylo’ob tumen u Noolo’ob. Leti’e’ ch’ija’an máak yojel ya’ab ba’al tu yo’olal k’áax, wáa yo’olal ts’oon kéej, bey xan yojel bix u talamil u bin máak te’e náachil k’áaxilo’ob pulyajta’an. Le táankelem paalalo’obe’ ku tukliko’obe’ le u bin máak te’e k’aaxo’ je’ex Birú, chen ch’a’abil; ba’ale’ ts’o’ok xan u yu’ubiko’ob u tsikbalil tu yo’olal le k’áax je’ela’, naats’ yanik ti’ jump’éel kajtalil, walkila’ mixmáak ku beetik u kool tumen ku ya’a’lale’ le u yuumilo’ úuch kíimik, tu jich’aj u kaal te’e kajtalilo’. Bey tu’un mixmáak ku bin ts’oon te’elo’, ya’ab ba’alche’o’b yan te’e ku máano’ob, yaan kéej yaan xan ya’ab jaaleb. Beyo’, le suku’untsilo’ob bin tu beeto’ob le binla te’e tu beelil le k’a’k’as k’áaxo’ob. Mix tak u k’eylo’ob tumen u Yuum, mix kex ku ya’alalti’ob ma’ u bino’ob te’elo’, leti’obe’ ba’al u k’ajtio’ob, bin tu beeto’ob. Chen ju súutukil le ka tu ch’a’jo’ob beel. Máan ka’ap’éel k’iin táan u xí...

Los trabajos de la ballena-Eraclio Zepeda

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A Onelio Jorge Cardoso   Este puerto que usted ve con su muelle de concreto, con su calle para ir y venir desde el principio al fin del caserío, con sus casas de ladrillo del lado de la tierra que es donde viven los pescadores y las barracas de madera junto al mar, en la playa, donde se sirve la comida a los fuereños, es ahora un puerto bueno. Pero cuando vinimos los primeros, aquí no había más que mar y soledad en abundancia. Recuerdo que yo era pequeño y ya sabía de bucear las heredades del ostión y de la almeja, porque cuando hay pocos brazos hasta el dedo chiquito sirve para ir redondeando la comida. Y esto es lo que pasaba en el otro puerto; éramos pocos, sólo una familia. Porque en ese puerto, amigo, únicamente había tres casas; la de mi santo abuelo, la de mi santo tío y la de mi madre, que no resultó tan santa porque terminó perdiéndose con un marinero que un día asomó piloteando una barca de naufragio. Apenas empezaba a cantar el gallo nos levantábamos y salíamos...

Colibrí y otros cuentos de Liz Osorio

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  Colibrí   Todas las mañanas mi tía dedica horas a sus rosales, sabe que las pequeñas aves se acercan a ellos hasta saciarse. Después escuchamos el tío Juan. Ella lo conoció en un taller literario, la cautivó escucharlo narrar la leyenda del colibrí: por los dioses creado, jade y flecha, tiene por tarea llevar mensajes de amor. Él dice que algunas personas al morir pueden transformarse en un ser diferente para quedarse. Nos mantiene embelesadas con sus relatos, aunque no le creo. Mis tíos, desde muy temprano abren sus ventanas. Después pasan horas sentados en el mueble de petatillo, gotas de tristeza caen sobre sus mejillas, recuerdan el trágico accidente en donde tuve múltiples fracturas y un dedo del pie cercenado. Me hallan entre las flores, agitando mis alas.    ... Nuevo hogar   En la helada planicie, un espectáculo impresionante, miles de aves emperadores forman colonias para mantenerse calientes. Pronto dejará de verse.   ...

Árbol monstruo niño árbol-Mariana Torres

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  Aún no sabemos cómo Óscar llegó a comerse la semilla, ni llegamos a descubrir de dónde la sacó. Tenemos aún menos respuestas para explicarnos cómo pudo el árbol crecerle por dentro, germinar la semilla sin impedimentos, dijo el doctor, en la boca de su estómago, regada solamente por los jugos biliares del niño. Y es que a los siete años, también nos dijo el doctor, los estómagos funcionan así de bien. El cuerpo de nuestro Óscar –aún era nuestro Óscar entonces– permitió que el árbol creciera, que las raíces se extendieran por los intestinos y que el tronco fuera estirándose delgado, ceremonioso, a lo largo del esófago hacia la boca, las ramas buscando la luz del sol. Lo que sí sabemos, o queremos creer, es que el árbol no pretendía hacerle ningún daño, que ese árbol monstruo –como lo llamo a solas cuando me miro al espejo, aún avergonzada por lo que hicimos– le amaba. De alguna forma, Óscar y el árbol monstruo eran una sola cosa, eran parte. Y así las ramas que le crecieron por la...