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Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura fantástica

Habitante de tu reino-Carlos Vadillo Buenfil

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  Fue así como apareciste en el campamento armado en un claro de la selva, atraído por el de los puercos y los pavos de monte que ardían en la leña. La visión de tu pálida presencia, tu sotana convertida en jirones, tus pies rasgados por los cardos y abrojos, tu piel untada del lodo de los pantanos, causaron azoro y espanto entre los chicleros, como un íncubo surgido de las espesuras de la jungla, hasta que uno de ellos se te acercó y a los resplandores del fuego preguntó por tu perseguido, otros insinuaron que eras prófugo de la justicia, nada revelaste, cómo hablarles de Ella, con que palabras describir los oleajes y cataclismos fraguados dentro de su cuerpo, sólo tu voz cortada imploró quedarse, ayudarlos en sus faenas, debajo de un cobertizo te tendieron una hamaca y una manta. Las guitarras quiebran y dispersan zumbidos de moscos y grillos, quejidos de sapos. Siempre rechazaste unirte a los jolgorios, lavabas las ollas, los platos, y sin despedirte te refugiabas en tu choza, n...

Conejos blancos - Leonora Carrington

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  Ha llegado el momento en que debo contar los sucesos que comenzaron en el número 40 de Pest Street. Parecía que las casas, de un negro rojizo, hubieran surgido misteriosamente del gran incendio de Londres. La casa que quedaba frente a mi ventana, cubierta con algunas ramas de enredaderas, se veía tan negra y vacía como una morada plagada por la peste y luego lamida por las llamas y el humo. No era así como me había imaginado Nueva York. Hacía tanto calor que me dieron palpitaciones cuando me atreví a salir a la calle, así que me quedé sentada, mirando la casa de enfrente, echándome agua cada cierto tiempo en la cara cubierta de sudor. La luz nunca fue muy fuerte en Pest Street. Siempre había una reminiscencia de humo, que volvía el aire turbio y neblinoso; sin embargo, era posible examinar la casa de enfrente con detalle, incluso con precisión. Además, yo siempre he tenido muy buena vista. Pasé varios días tratando de detectar algún movimiento en esa casa, pero no noté ning...

El Albedrío de la Anestesia - Jesús Guillén-Luna

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  —Y a esto llegó el mundo, Cedric, a comprar emociones para sentirnos más humanos… ¿qué carajo significa eso? —dice Omar, mientras su mirada se hunde en los empaques metálicos de la máquina dispensadora—. Nacemos emocionalmente anestesiados para controlarnos y obligarnos a comprar sentimientos como si fuesen golosinas. —Sí, a esto llegamos… y aquí estamos, ¿no es así? —responde Cedric, que enciende un cigarrillo de neón con su mechero láser—. Si tanto te molesta, ¿por qué demonios nos detuvimos en una despachadora de emociones? —la monotonía en sus voces es tan contundente que pareciera que no hay emoción alguna en sus palabras. —Sabes que yo no tomo estas mierdas —Omar toma un par de monedas y las inserta en la máquina. Selecciona los botones R, 12 y 21. Los resortes de la dispensadora giran en sentido a las manecillas del reloj y arrojan dos empaques metálicos—, pero son estúpidamente útiles para cosas como las que vamos a hacer. Omar levanta los empaques y los coloca just...

Autrui - Juan José Arreola

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  Lunes . Sigue la persecución sistemática de ese desconocido. Creo que se llama Autrui. No sé cuándo empezó a encarcelarme. Desde el principio de mi vida tal vez, sin que yo me diera cuenta. Tanto peor.      Martes. Caminaba hoy tranquilamente por calles y plazas. Noté de pronto que mis pasos se dirigían a lugares desacostumbrados. Las calles parecían organizarse en laberinto, bajo los designios de Autrui. Al final, me hallé en un callejón sin salida.      Miércoles. Mi vida está limitada en estrecha zona, dentro de un barrio mezquino. Inútil aventurarse más lejos. Autrui me aguarda en todas las esquinas, dispuesto a bloquearme las grandes avenidas.      Jueves. De un momento a otro temo hallarme frente a frente y a solas con el enemigo. Encerrado en mi cuarto, ya para echarme en la cama, siento que me desnudo bajo la mirada de Autrui.      Viernes. Pasé todo el día en casa, incapaz de la menor actividad. Por ...