Domingo-Guadalupe Nettel
Despertó sin las náuseas, con la sensación descansada de quien ha dormido profundamente, pero casi de inmediato, al mirar el cuerpo de la mujer, salió de la cama alarmado. Ella estaba de espaldas, con la cara escondida bajo la almohada, el torso descubierto y las piernas bajo la sábana. Lo único que sabía de ella era que nunca en su vida la había visto. Debió de haber permanecido en el cuarto menos de cinco minutos. Una vez en el pasillo, las preguntas y las recriminaciones se le echaron encima como una carga de gatos enfurecidos. Se preguntó dónde diablos, cómo, cuándo, y se dio cuenta de que no podía responderse. Con pasos aún entumidos por el sueño, atravesó el pasillo, recogió el periódico que lo esperaba debajo de la puerta, leyó la fecha, domingo 2 de noviembre de 1997, el encabezado, «Segunda semana de incertidumbre en Wall Street», y lo dejó sobre la mesa de la cocina sin abrirlo siquiera. Lo mejor que podía hacer ahora era mantener la calma, por lo menos guardar la compo...