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Mostrando las entradas con la etiqueta Escritoras mexicanas

Ese pájaro extraño-Elvira Aguilar

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  Carmen dejó ocho palabras escritas: la vida siempre me pareció un pájaro extraño. Aquella noche la pasé en su casa porque, como otras, estaba mal, tenía miedo. —Ven, Flaquito, que el pájaro negro revolotea en mi cerebro y me quiere devorar los ojos. Cuando llegué, la encontré recostada sobre la pequeña alfombra de la sala. Vestía ropa interior, había bebido, tenía la cara hinchada de llorar, sus labios estaban encendidos. La levanté y la llevé a su recámara. Después quiso bañarse, comento que se estaba incendiando. La metí en la tina con agua fría y comencé a tallarla. Lloraba y me pedía que la abrazara, decía que ya no quería sentir el revoloteo de ese pájaro adentro de su cabeza, que le estaba comiendo todo, que no le quedaban ideas ni voluntad. No sabíamos entonces, pero estaba viviendo, sus últimos momentos. Tengo muchas imágenes de Carmen en el álbum de mi memoria. La recuerdo en el kínder con sus vestiditos ampones en colores pastel. La vuelvo a ver en la secundaria...

Sumas y Jabones-Meryvid Pérez

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  Doña Jacinta sabe hacer muchas cosas: corta leña, arranca hierba mala, arma compostas y mata cerdos. Ellos intentan defenderse, pero doña Jacinta les amarra las patas y clava un punzón en sus pechos. Todo ocurre tan rápido que de un momento a otro los chillidos se transforman en silencio. Nos mudamos a este pueblo por el trabajo de mamá. Ella, junto con otros maestros, enseña a los niños a sumar y leer. A mamá y a mí nos agrada vivir aquí porque no hay tanto ruido como en la ciudad y porque los animales   caminan felices por la calle. Cuando llegamos no sabíamos dónde com prar carne, pero después de preguntar, la gente nos envió con don Bery. Él tiene la única carnicería del pueblo, y su esposa, doña Jacinta, hace las tortillas más ricas que alguien pueda probar. Doña Jacinta es mi nana, vive a ladito de la casa que mamá y yo rentamos. Además de vender tortillas, doña Jacinta borda con los hilos que guarda e...

Oficios marinos-Ana Clavel

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  Era alto y erecto como la verga de un barco. Su profesión no estaba relacionada, sin embargo, con la marina sino con la medicina. Fue mi ginecólogo cuando estuve embarazada. Tenía manos grandes y dedos largos que palpaban mi interior. Sus ojos presagiaban la melancolía del marino que ha hurgado todos los mares en busca de la imposible perla de los vientos. . . Qué remedio: lo amé desde el fondo de mis entrañas. Nos citábamos cada mes; después, cada semana. No era yo la única que suspiraba. En la sala de espera del consultorio otras mujeres, flanqueadas por maridos ingenuos, aguardaban ansiosas su profanación. Una vez, cercano el parto, me auscultó y mi vientre curvo se precipitó en leves oleajes. Su rostro emergió de excitación entre mis piernas mientras deslizaba dos de sus largos dedos. "Ya casi. . . ", susurró a modo de promesa. Yo quería estar en mis cinco sentidos cuando tuviéramos por fin el esperado encuentro: deseaba un parto psicoprofiláctico, sin anestesia, sin la...

La mujer ante el espejo: cinco autobiografías-Rosario Castellanos.

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  La mujer, según definición de los clásicos, es un varón mutilado. Pero no obstante lo que este concepto indica de fealdad intrínseca y extrínseca, de parálisis en el desarrollo, de despojo violento, no ha habido mujer que haya desperdiciado la oportunidad de contemplar su imagen reflejada en cuantos espejos le depara su suerte. Y cuando el cristal de las aguas se enturbia y los ojos del hombre enamorado se cierran y las letanías de los poetas se agotan y la lira enmudece, aún queda un recurso: construir la imagen propia, autorretratarse, redactar el alegato de la defensa, exhibir la prueba de descargo, hacer un testamento a la posteridad (para darle lo que se tuvo pero ante todo para hacer constar aquello de lo que se careció), evocar su vida.              El modo de la evocación cambia con las épocas. Santa Teresa, santa al fin, al fin española, al fin espíritu de la Contrarreforma, apela a la obediencia para que le s...