Mariana constrictor-Guillermo Fadanelli
Mariana mudó de carácter un jueves a las cuatro de la tarde, una hora, por cierto, en que casi nadie se halla dispuesto a hacer nada. Si las razones de su muda fueran conocidas se resolverían varios enigmas científicos y filosóficos. Quiero decir que el esfuerzo empeñado en conocer el maldito origen de su temperamento bastaría para encontrar remedio a las leyes de la termodinámica. No existe manera de saber por qué su semblante pausado y sabio se transformó de pronto en un temperamento amargo como el té de alcachofa, un humor agresivo a juzgar por los puntapiés que me da en los tobillos cuando se encabrona y quiere morirse. Mudó de piel como lo haría una boa constrictor. Y no por ello voy a cometer el desaguisado de llamarla «la Boa Mariana», ni nada parecido, nada de «la pinche víbora que patea los tobillos» o «la zorra que se arrastra como víbora»; no voy a decir cosas así, aunque no dejo de pensar que se trata de una buena comparación, no demas...