Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Escritoras

Añicos de voces femeninas-Irene Vallejo

Imagen
  En un paisaje de sombras, ella tiene cuerpo, presencia, voz. Es un caso único en Roma: una joven independiente y culta que insiste en su derecho al amor; una poeta de cuya vida y sentimientos habla ella misma, con sus propias palabras, sin mediaciones masculinas. Sulpicia vivió en el siglo dorado del emperador Augusto. Fue una mujer excepcional por muchos motivos —el más importante de ellos era que pertenecía a ese 1 por ciento de la población romana que hoy clasificamos como élite, situada en la cumbre de un mundo duro y jerárquico—. Su madre era hermana de Marco Valerio Mesala Corvino, un poderoso general y mecenas literario. En la mansión de su tío conoció a algunos de los poetas más aclamados de la época, como Ovidio o Tibulo. Favorecida por la riqueza y el parentesco, Sulpicia se atrevió a escribir poemas autobiográficos, los únicos versos de amor escritos por una mujer romana de la época clásica que han llegado hasta nosotros. En sus poesías habla una voz femenina que rec...

Una amistad sincera - Clarice Lispector

Imagen
  No es que fuésemos amigos desde hacía mucho tiempo. Nos conocimos tan solo en el último año de la escuela. Desde ese momento estábamos juntos a cualquier hora. Hacía tanto que necesitábamos a un amigo que nada había que no nos confiáramos el uno al otro. Llegamos a un punto de amistad en que ya no podíamos esconder un pensamiento: enseguida uno llamaba por teléfono al otro, marcando una cita inmediata. Después de la charla, nos sentíamos tan contentos como si nos hubiéramos regalado a nosotros mismos. Ese estado de comunicación continua llegó a tal exaltación que, el día en que nada teníamos para confiarnos, buscábamos con cierta aflicción un asunto. Solo que el asunto tenía que ser serio, pues no cabría en cualquiera la vehemencia de la sinceridad experimentada por primera vez. Ya en ese tiempo aparecieron las primeras señales de perturbación entre nosotros. Algunas veces uno llamaba por teléfono, nos encontrábamos, y nada teníamos que decirnos. Éramos muy jóvenes y no sabíamo...

Los veraneantes- Shirley Jackson

Imagen
La casa de campo de los Allison, a siete millas de distancia del pueblo más cercano, se erguía airosamente sobre una colina; desde tres de sus lados se divisaba una extensión cubierta de hermosos árboles y de una vegetación que casi nunca, ni siquiera en pleno verano, aparecía agostada y seca. En el cuarto lado estaba el lago, que llegaba hasta el embarcadero de madera que los Allison no se molestaban ya en reparar y que se divisaba igualmente bien desde el porche delantero, el porche lateral o cualquier lugar de la rústica escalera que conducía desde el porche hasta el agua. Aunque los Allison estaban profundamente enamorados de su casita de verano, esperaban con ansia que llegara el buen tiempo y odiaban tener que marcharse en otoño, no se habían preocupado por introducir mejoras en ella, considerando que la casita en sí y el lago eran una mejora suficiente para el tiempo que les quedaba de vida. La casita no tenía calefacción, ni agua corriente, ni electricidad. Durante diecisiete v...

El niño al que se le murió el amigo y otros cuentos - Ana María Matute

Imagen
  El niño al que se le murió el amigo Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: «El amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar». El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar. «Entra, niño, que llega el frío», dijo la madre. Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo ...