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BON APPETITE- Zindy Abreu

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Son las cinco de la mañana. Abres los ojos a la luz del día. Te das la vuelta. Acaricias con nostalgia el lado izquierdo de tu casa, vacío. Tu amante en turno se esfumó de madrugada volando apresurado como murciélago blanco entre las sabanas. Nadie se dio cuenta. Realmente no te importa. El sexo y los hombres jóvenes son tu obsesión.             Una voz exaltada llena tu cabeza y la habitación en la que vives. Intentas acallarla. Te concentras en el sonido de tu respiración, dentro y fuera, como te enseñaron. El agua fresca despeja tu mente.            Caminas al baño acompañada de esa voz que te levanta cada mañana. Abres la regadera, el agua caliente estimula tu piel. Jabonas tu vientre, tus caderas, tus grandes pechos. La espuma resbala hacia tus pies, burbujea en tu pubis. Frotas tu clítoris con el jabón que se derrite en tu mano. La voz te avisa que ya es tarde. Un cubetazo...

Afonía y El domesticador - 2 cuentos de Víctor Garduño

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  Afonía   Sin lenguaje no hay hombre JULIO CORTÁZAR Rayuela   Me nombraban de diferentes maneras, hasta me decían perro. Sin embargo, ahora, más veces me ignoran por completo. Ya no sólo mi nombre es desdeñado, sino también mi existencia. Antes David, Marianita…todos compartían el bocado conmigo. Me bastaba abrir la boca y sin yo decirlo directamente, notaban mi apetito y al momento hacían los indispensable para matarlo. Recuerdo que incluso me dedicaron parte de sus planes y en alguna ocasión, entre licores y risas, dijeron que debían buscarme una novia. Pero sucedió que mi voz se opacó, descaminó los escalones del ruido hasta apagarse por completo. Traté de frenar ese descenso gradual, mas fue inútil; en lugar de sonidos, tan sólo conseguí rociar gotas de saliva indescifrables. Al bajar hacia el silencio dejé también el mundo de ellos. Primero mi presencia fue un estorbo, al tropezar conmigo era cuando me bautizaban con seudónimos o insultos. Yo empec...

Supervivencia del más apto-Rosa Beltrán

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  Desde que cumplí setenta años, entreno a mi mujer todas las mañanas a fin de que, llegado el caso, pueda asistirse en su viudez. Se podría pensar que es prematuro, pero las estadísticas me confirman que mis previsiones tienen un fundamento: los hombres nos vamos antes. ¿Y alguien se ha detenido a pensar en las banalidades de la viuda cuando sus facultades menguan? La historia de la viuda alegre pertenece al cine y la literatura. En realidad, las viudas se quedan ciegas, sordas, cojas, etcétera. Una vez se supo del caso de una viuda amnésica que se empeñaba en cobra su pensión a nombre de otra y pasó años sin conseguirlo. Mi mujer, cuando oye estas historias, se aterra. Por eso he decidido entrenarla en el arte del deterioro. Lo ideal sería ir de la cabeza a los pies, les digo, y la alecciono sobre las ventajas de ir siguiendo una lógica. A ver, pensemos. ¿Cuáles son los verdaderos problemas de las viudas? Las tuertas, por ejemplo. Apenas si logran que alguien repare en ellas. En ...

Bajo un cielo ajeno- Bernardo Fernández BEF

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  A la memoria de Alfredo Brigada   Aquella, como casi todas las noches, Juan Brigada soñó con el río de Cuicatlán. Al fondo se erguían las montañas rojizas que rodeaban su valle natal y que tanto le recordaban las de este lugar, con las palmeras a sus pies enmarcando el lecho del arroyo. Arriba, el cielo era de un azul que sólo había vuelto a ver mientras soñaba; abajo, las aguas tenían una transparencia perdida para siempre. Frente a si, podía ver sus manos de niño jugando con unas libélulas que zumbaban entre las piedras de la orilla. A través de sus alas la luz se descomponía en colores brillantes. Lo despertó el zumbido del reloj. Cuatro cuarentaicinco, cuatro cuarentaicinco, recitaba en español una voz de acento neutro. Juan se estiró para desperezarse lo más que pudo dentro del sarcófago dormitorio. Luego inició la secuencia de baño. Un chorro de vapor tibio roció todo su cuerpo con una sustancia nanojabonosa. Las partículas inteligentes del champú se desliz...

El ahogado más hermoso del mundo-Gabriel García Márquez

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       Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo descubrieron que era un ahogado.             Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hombres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más...

Nada de carne sobre nosotras-Mariana Enriquez

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  La vi cuando estaba a punto de cruzar la avenida. Estaba entre un montón de basura, abandonada sobre las raíces de un árbol. Los estudiantes de Odontología, pensé, esa gente desalmada y estúpida, esa gente que sólo piensa en el dinero, empapada de mal gusto y sadismo. La levanté con las dos manos por si se desarmaba. A la calavera le faltaban la mandíbula y la totalidad de los dientes, mutilación que me confirmó el accionar de los protodontólogos. Revisé alrededor del árbol, entre los residuos. No encontré la dentadura. Qué pena, pensé, y fui hasta mi departamento, apenas a doscientos metros, con la calavera entre las manos, como si caminara hacia una ceremonia pagana del bosque. La puse sobre la mesa del living. Era pequeña. ¿La calavera de un niño? Lo ignoro todo sobre anatomía y temas óseos. Por ejemplo: no entiendo por qué las calaveras no tienen nariz. Cuando me toco la cara, siento la nariz pegada a mi calavera. ¿Acaso la nariz es cartílago? No creo, aunque es verdad que di...