Igualito al de Jacques-Carlos Chuc
A Juanita y Vicentita
Entramos a la heladería. Por mi cumpleaños me dejó comer cuanto
helado quise, además me obsequió un libro de Jacques Cousteau. Él fue un buzo
que escribía y dibujaba. En el Mar del Sur vio un pulpo del tamaño de su barco;
sus tentáculos, a la luz de la luna, parecían una hilera de bombillas verdes.
–No hay que creer todo, porque en medio del
océano uno puede imaginar cualquier cosa –dijo Carol al notar mi asombro, y me
limpió el bigote de coco.
El pulpo es un molusco. Hoy que fuimos a la
playa lo comí en ceviche. Después fuimos al zoológico. El camello parecía muy
triste. Creo que extraña el desierto y a sus amigos, o que alguien le acaricie
la joroba. Carol sabe mucho; dijo que se le conoce como dromedario y pertenece
a la familia de los rumiantes.
Ya en casa y mientras ella se arreglaba, me
anunció que Juan vendría con el pastel.
–Es mejor que Jacques. En una ocasión, logró
pasar un camello por el ojo de una aguja –presumió.
Yo estaba muy emocionado, mas lo vi llegar y
todo cambió. Traía puesto el sombrero, los guantes y la capa, pero su rostro
pálido le hizo parecer más vampiro que mago. Fue por eso que corrí a esconderme
tras la puerta.
Desde allí aguardé a que hiciera un acto que nunca
llegó. En cambio se puso a hablar de ferrocarriles. Carol y mis tías estuvieron
encantadas de oírlo. Para mí fue aburrido. No le entendía nada. Eso no me
enfadó, tampoco que no hiciera un solo truco, sino verlo tomar a Carol de las
manos para bailar. Fue en ese momento que... me fui sobre él.
Carol se enojó y me encerró aquí, en la bodega.
Nunca había sido tanto tiempo. Cuando me castiga sólo me deja con juguetes. Me
gustaría tener colores para pintaren la pared dibujos como los de Jacques.
No creo que Juan, de ser mago, pudiera pasar a
un pulpo por el ojo de una aguja.
Lo breve, Si bueno...Cuentos de Hipogeo (2016)

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